Intercambio con Alemania

Tan solo dos horas nos separaban de nuestro destino y por fin llegamos. ¡Íbamos a pasar una semana entera en Alemania! Durante esos siete días convivimos con la familia previamente asignada, imbuyéndonos por completo en su cultura e idioma: se comía y cenaba a horas muy tempranas y las bebidas llevaban en muchas ocasiones gas (Äpfelschorle). Además, como es costumbre en otros países, solían descalzarse al llegar de la calle. Las casas, distribuidas en pequeños pueblos conectados por la red ferroviaria, parecían sacadas de un cuento. Sus vivos colores contrastaban con el verde del campo, invitando a cualquiera a salir a pasear. Se respiraba la tranquilidad, se escuchaba el silencio.

Por las mañanas asistíamos al colegio de Stockack, donde las clases se impartían de manera muy diferente a la que estamos acostumbrados. Actividades interactivas y diversas prácticas casi diarias caracterizaban el modelo de enseñanza alemán. Por las tardes, pasábamos tiempo con las familias o aprovechábamos para visitar algunos de los lugares representativos de la ciudad.

Personalmente, considero que el intercambio con Alemania ha sido una de las mejores experiencias que he tenido, no solo por la posibilidad que se me ha dado de mejorar el idioma y vivir otra cultura, sino también por todas las personas a las que he conocido y cogido cariño en tan poco tiempo. Sin lugar a dudas, se trata de un viaje digno de recordar.

Leyre G. (1º Bachillerato)

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