Crítica de “El huevo”

Hace poco tiempo, navegando por las profundidades de Internet, tuve la suerte de leer un microrrelato escrito por Andy Weir titulado The Egg. Este relato se me antojó harto curioso porque su narración hace cosas muy interesantes. Así, la historia está narrada en primera persona por Dios o, por lo menos, un dios muy parecido al del cristianismo; y se dirige hacia el lector, es decir, el relato se asemeja a una carta dirigida a nosotros. 

            El relato comienza con nuestra muerte en un accidente de coche de camino a casa; entonces, pasamos al “más allá”, donde nos reunimos con Dios, quien nos explica que en verdad no estamos más que de paso en ese lugar casi onírico. Resulta que en realidad estamos en el momento previo a una reencarnación y que Dios creó nuestra alma con tal de que esta madurara viviendo varias vidas, concretamente todas las vidas humanas habidas y por haber; y que el universo no es más que un huevo del que algún día eclosionaremos y nos volveremos un dios como el que nos ha creado. Al enterarnos de que vamos a ser reencarnados, nuestra reacción es pensar que los hindúes tenían razón, a lo que Dios nos responde: “Todas las religiones están más o menos en lo correcto”. Dios nos explica que, realmente, todas las personas con las que hemos tratado en nuestras incontables vidas somos nosotros mismos, solo que simplemente en otra vida diferente, por lo que en el universo solo hay dos almas: la de tu padre (Dios) y la tuya, que adopta diferentes formas para acumular experiencias. A este respecto, una frase muy interesante que nos dedica Dios en el relato es la siguiente: “Cada vez que has victimizado a alguien, te lo has hecho a ti mismo, todo acto de bondad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo, todo momento, alegre o triste, que ha sido vivido por un ser humano, ha sido o será vivido por ti”. Posteriormente, nos manda a nuestra siguiente vida. 

            Este relato me llamó la atención no solo por lo interesante que es en sí mismo, sino por el mensaje que nos transmite o que, más bien, nos recuerda: todo es una fase y cualquier época de nuestra vida es pasajera, perderá importancia y solo servirá para que maduremos. En consecuencia, cualquier suceso que nos ocurra, por muy horrible y fatídico que nos parezca, pasará, aprenderemos de ello, quizá nos daremos cuenta de que no fue para tanto o quizá se nos olvidará. 

            Recomiendo encarecidamente leer The Egg, puesto que yo he hecho un resumen muy burdo del relato, pero no es más que una página de texto que se lee en cinco minutos y, siempre que se acude a él, da una sensación muy extraña y casi intrusiva que aporta una esperanzadora imagen de la vida después de la muerte.                                

Javier G. (2º Bachillerato)